Conferencia Inaugural de D. Braulio

25 septiembre de 2009

Hablando en Kinshasa de la familia, Juan Pablo II dijo: “El argumento es maravilloso, pero la realidad es difícil”. Palabras bien precisas, queridos amigos y hermanos. La familia, en efecto, es un argumento maravilloso y una realidad difícil porque exige al hombre y la mujer que miren cada día hacia lo gratuito, hacia lo que nos supera. Precisamente por esto la familia, siendo una realidad difícil, es un argumento fascinante. Y es que, para ser humano, hace falta ser sobrehumano, es decir, para poder llegar a lo que estamos destinados, hemos de superar nuestras solas fuerzas. Esa es la condición humana que nos muestra la Revelación, cuando nos habla del hombre y la mujer. Por eso necesitamos de Cristo; Él no puede ser simplemente un pretexto o un ejemplo de vida lejano e inalcanzable. Necesitamos de su gracia siempre.

El hombre y la mujer son libres cuando habitan en su propia casa que no se encuentra ni entre las cosas ni entre los “animales” (cfr. Gén 2,20). Pero es que el espacio de su casa para el ser humano comienza en otra persona. Y en este tipo de libertad nacen las familias en el sentido pleno y profundo del término, porque en ellas es donde la libertad se cumple, cuando se da continuamente la propia vida no sólo a los demás, sino también por los demás. Y en las sociedades en las que falta la libertad propia de las personas, aunque haya las así llamadas libertades –lo cual es muy importarte, por otro lado-, faltan las familias, porque falta esa entrega de la vida por los demás. Y yo creo que el que vive en la libertad que está a la base de la familia, mira a lo divino.

Por eso la familia es anterior al Estado, y a la misma Iglesia, entendida como mera institución. El Estado y la Constitución no dan, reconocen los derechos de la familia y velan por ellos. La familia, como el amor, está inscrito en la estructura de ser-`persona humana´; es su nombre. Por eso es preciso cuidar de la familia, dejarla ser lo que es, como tantas veces dijo Juan Pablo II. Y hay que cuidarla, porque hay impedimentos que no le permiten ser lo que es, porque en una sociedad como la nuestra, tan compleja, hay peligro de que la familia sea más bien “tipos de familia”, según que interesen al poder establecido (estatal, político, cultural al uso, consumista o neocapitalista a ultranza).

El Centro de Orientación Familiar nace porque quiere servir a la familia, para que pueda ayudar a las personas concretas, esposos, hijos, padres e hijos. Para que siga siendo posible que las personas, hombre y mujer, al revelarse la una a la otra, creen un espacio en donde habitar, que es la familia. Y que exista la casa como el lugar en el que el ser humano se siente bien, porque allí ha nacido del amor y no por casualidad o simplemente “reproducido”.

Y es que en la comunión, las personas, disfrutando la una de la otra y ayudándose la una a la otra, se comprenden a ellas mismas. Sus cuerpos, en particular cuando las personas están unidas en matrimonio, se vuelven transparentes de forma que a través de ellos se difunde alrededor la luz del misterio del amor y de la libertad de Dios. Está claro que esto no lo puede hacer cuando el uno representa para el otro tan sólo el objeto de un hacer que imita al amor y a la libertad. En la morada matrimonial, es decir, en la presencia de la mujer para el marido y del marido para la mujer, orientadas ambas al amor que es Dios, no acaba, sino que se inicia, la edificación de la casa. No me estoy refiriendo lógicamente únicamente al piso o vivienda, esté ya en propiedad o con hipoteca. Es otra casa que no se termina nunca de construir. La comunión matrimonial, por tanto, no apaga el deseo que tienen los dos de ser felices, deseo insaciable hasta la muerte, pero permite no confundir la beatitud –felicidad de la buena- con un disfrute cualquiera.

Todo lo cual está apuntando a que esa comunión de las personas en el matrimonio y la familia constituye siempre una provocación al amor. Hay que enseñar a amar, a ese amor. No es algo que se improvise y no vale cualquier sucedáneo de amor. El COF Diocesano de Talavera que hoy, gracia a Dios comienza, tiene que enseñar a amar.

En la casa edificada con la presencia del marido para la mujer y de la mujer para el marido, habitarán también los demás; en cierto sentido, allí habitará toda la sociedad. En la medida en la que allí habite toda la sociedad, cada uno, “sea quien sea el que se encuentre, considerará que se ha encontrado con un hermano, o con una hermana, o con un padre, o una madre, o un hijo, o una hija, o con un ascendiente o descendiente de éstos” (Platón, La República, V, 463 c). “La igualdad, la fraternidad y la libertad, palabras que la Ilustración ha vaciado de contenido, nacen en estas casas y después forman la sociedad. Sólo en estas casas los hombres llevan el mismo apellido, que indica su proveniencia divina. Ésta los hace a todos primeros. Ninguno es allí segundo” (S. Grygiel, Mi dulce y querida guía, Granada (Nuevoinicio) 2007, p. 135).

El amor es un trabajo difícil. Es verdad. Y hay que enseñarlo, cuidarlo, sanarlo, ayudar a vivirlo. Repito: para todo esto se ha construido este C. O. F cuya andadura hoy comienza. Pero esta tarea es, sobre todo, un diálogo que se desarrolla en el amor y el trabajo. Quien rompe el lazo entre el trabajo y el amor no deja que el amor sea para la vida ni para la resurrección, degenera en una maldición que es la de producir por producir. Y lazo entre amor y trabajo se rompe cuando, en el diálogo entre el hombre y la mujer, entra el que divide… (cfr.Gén 3,1-7).

Una preciosa tarea tiene, pues, este COF diocesano de Talavera, que abarca muchos campos, como indica el contenido del díptico que explica este servicio, y que os explicarán de modo pormenorizado. Únicamente quiero subrayar que este COF debe ofrecer no sólo asistencia a la familia, orientación cuando la necesite; también va a acoger y promocionar la vida; y tiene una vocación grande de formar/educar, cometido precioso, pues se trata de educación a amar, educación afectivo sexual –la gran asignatura pendiente de nuestra sociedad, que banaliza la sexualidad-, y educación de formadores. Es una urgencia que no puede esperar.

Aquí está el COF; lo bendeciremos enseguida. La Archidiócesis de Toledo ha pedido apoyo técnico en la dirección de este proyecto educativo, no se ha improvisado, a personas que tienen una experiencia y una solvencia contrastada en este campo de la educación católica. Son personas muy de fiar. Y lo van a hacer bien, sin duda.

Termino agradeciendo a cuantos han hecho posible este proyecto, ahora ya realidad. No os arrepentiréis, saldréis beneficiados, sin duda. Dios siempre reparte suerte, pero os pido que oréis para que este servicio diocesano en Talavera alcance pronto una importancia acorde con la urgencia de la tarea que se le encomienda. Muchas gracias.

+ Braulio, arzobispo de Toledo. Primado de España

"Dios, con la creación del hombre y de la mujer a su imagen y semejanza, corona y lleva a perfección la obra de sus manos; los llama a una especial participación en su amor y al mismo tiempo en su poder de Creador y Padre, mediante su cooperación libre y responsable en la transmisión del don de la vida humana."

Juan Pablo II
Familiaris Consortio 28

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